Déjalo ir.

Tan sólo déjalo ir.

He descubierto que esa es la forma más pura de amar.

Duele.

Duele porque me aferro y aferrarse no es amar.

Amar es quemarnos con el fuego de mil infiernos, reírnos mientras acaricio tu pelo, compartir una cerveza bien fría o una tarde caliente bajo la manta del sofá.

Acompañarnos.

Sin saber cuanto tiempo. Tal vez sea efímero como la espuma en la orilla del océano.

Tal vez intermitente, a ratos, a veces…¿por qué no?

Como nieve que se aferra a la montaña y en primavera fluye por la ladera, dejándose llevar.

O puede que sea eterno, para siempre. Si estamos cómodos, si somos sinceros y hay esa complicidad. Como el girar de la Tierra o la órbita lunar.

Sea como sea, siempre hay que estar dispuesto a dejarlo ir. Vivirlo.

Sin poseerlo.

Sin conjeturas.

Sin querer cambiarlo.

Y si decido irme, o si decides irte, la muestra más grande de nuestro amor, ya sea

Efímero

Intermitente

O eterno,

será impulsar las alas del otro

deja que vuele.

Déjame volar.

Imagen: Dibujo a Boli. Kassandra G.

Madre Natura

Anduvo más de mil días por la hostilidad abrumadora de Sahara.

Buscó el origen de todas las cosas.

Todas.

En algún momento, mientras La Creación, ella las dejó por ahí.

Buscó la manera de apaciguar su dolor, que comenzó con un parto y desde entonces no había dejado de doler, sangrando por toda la Tierra con el ciclo lunar.

Era el Infierno en la Tierra, pero no necesitaba beber; de sus lágrimas se formaron los ríos. Ella era lluvia y tormenta; oasis y la inmensidad de los océanos.

Vida y muerte.

Durante su búsqueda, a falta de alimento, comió escorpiones. El veneno en su estómago le hacía escupir bilis.

Enloquecida por la exhaustiva búsqueda, finalmente lo encontró.

El origen de todas las cosas

El origen de su agonía.

El origen de todo fue El Amor.

Madre Natura los creó.

La obra maestra de La Creación.

En aquel vasto desierto, que una vez fue el clímax de la vida; los alumbró.

Y de sangre y restos de vísceras nació La Humanidad, que olvidó a su madre tan pronto estuvieron limpios de líquido amniótico y comenzaron a destruir todo a su paso.

Supo lo que tenía que hacer.

El origen fue El Amor.

Polvo somos.

Polvo seremos.

Con Amor los hizo.

Con Amor incondicional los aniquiló.

Imagen: Pintura técnica mixta “Es el fin”. Autora: Kassandra. G

Despedida.

A la abuela se le nubla la mirada y se le mete la muerte en el cuerpo. Se siente ligera, suave como el terciopelo. Se desploma inerte, alzando por los aires el polvo de sus ancestros.

Hace meses que no llueve, la tierra seca se nos mete en los ojos y lloramos lodo.

Los demonios intuyen el funeral y merodean para devorar el cuerpo.

Silencio. Comienza el ritual.

La pena nos aflige y con solemnidad nos despedimos. Acariciamos su cadáver despacio y con ternura, prestamos especial dedicación a la cabeza, así podremos seguir reconociendo sus rasgos cuando ya no sea más que un cráneo medio enterrado en la arena. Luego cubrimos a la difunta con palos y hojas secas. La velaremos durante unos días.

Nos iremos cuando empiece a pudrirse y las alimañas tengan que hacer el trabajo sucio que les tocó en el ciclo de la vida.

Vivir aquí nunca fue fácil, pero somos una familia y la abuela nos dejó su sabiduría.

Anochece, la atmósfera es árida y pesada, la Luna menguante. A lo lejos la risa escalofriante de las hienas.

Debemos irnos ya.

Alzamos nuestras trompas hacia el cielo y barritamos un último adiós que espanta a los marabúes.

En tono grave y apesadumbrado emprendemos de nuevo el camino.

La manada se desvanece en la sabana.

Definición de un buen artista.

¿Qué sería del artista sin sus emociones irracionales?

Sin tristeza con la que embadurnar un lienzo de oscuridad.

Sin un corazón roto con el que crear una obra maestra.

¿Quién osaría llamarse artista sin un alma atormentada vagando por la habitación?

Sin noches en vela para regocijarse en su dolor.

Sin drama.

Sin desamor.

¿Qué artista que se precie no se deja arrastrar por el caos para complacer a sus musas?

Para perderse en un lienzo en blanco, sin mirar atrás.

Y jamás volver.